Sabe...
Corrió la última lágrima
y mi sonrisa sabe a polvo,
sabe a noche vacía,
a caja de quimeras
coaguladas por el frío…
Sabe
“un poco a ti
y mucho a mí”,
a esa gran idea de querernos juntos…
Sabe
a esa única vacuidad
que ovillaron los años,
al anillo que fue
envolviéndonos poco a poco
hasta arrancarnos de la boca
nuestros nombres.
Sabe
a esta carencia de sentidos,
a este “mucho de ti
y poco de mí”,
a esta incompetencia con el tiempo.
¡Ay!... ¡el tiempo!
¿Qué decir?
¡si su anzuelo rasgó el espacio, amor!
rasgó tu sangre ya sin vida,
rasgó mi derroche de lamentos.
Rasgó, una y otra vez sobre la herida,
sobre la noche gélida de cara de luna silente,
sobre los jirones que hacían morir las últimas lágrimas…
Y mi sonrisa incomprendida por el tiempo…
sabe a polvo,
sabe a soledad trajeada de cristales
cortando la insignia crucial de fe del semblante.
Sabe…
y sabemos
a soledad, amor…
a la distancia indestructible
que nos embarga
cuando se rompen los sueños...
Sabemos
a eso que irónicamente nos volvemos,
cuando dejamos de ser.
